Canada
Los Oblatos y los Pueblos Indígenas del Norte y Occiddente de Canadá
La apología/disculpa Oblata en Lac St. Anne en 1991 ya había conmovido a los Oblatos y la Iglesia de Canadá profundamente. En esta apología/disculpa y delante de 20,000 personas indígenas, Doug Crosby, OMI, en aquel entonces presidente de la Conferencia Oblata de Canadá, admitió que el “imperialismo sistemático cultural, étnico, lingüístico, y religiosa del cual los Oblatos formaron una parte… continuamente amenazaba las tradiciones culturales, lingüísticas, y religiosas de la gente nativa. Pensando que los idiomas, tradición y prácticas religiosas europeos eran superiores,” dijo, “vieron que era una ventaja quitar a los niños de sus padres”. Muchos recibieron con bien la Apología/Disculpa y agradecieron a los Oblatos por atreverse a un acto tan valiente y profético, a la vez que otros la describieron como indignante.
En los últimos 15 años desde aquel entonces, los Oblatos de María Inmaculada han continuado su ministerio entre las Primeras Naciones, pero han tenido que batallar con miles de demandas jurídicas de ex-alumnos de las Escuelas Residenciales Indias (IRS por las siglas en inglés). Estas escuelas empezaron por necesidad una vez que había desaparecido el búfalo y colapsado el comercio de pieles, y con la recurrencia frecuente de viruela, influenza española, tuberculosis y epidemias similares, se diezmó la población nativa y la gente quedó destituida. El Gobierno de Canadá pensó que era el fin de la Raza Roja o “Indios”, como llamaban a los nativos de Canadá y hablaba de ellos como una “raza desaparecida”. El futuro, según ellos, era con los nuevos inmigrantes europeos que llegaban por millares a Canadá Occidental.
Vital Grandin OMI, obispo de St. Albert, Alberta, y el Padre Albert Lacombe, OMI, pensaban de manera distinta y desarrollaron un plan a principios de los 1880 para educar a los niños indios en Canadá Occidental. El periodista Ed Struzik escribió en diciembre de 2005 que, “Habiendo vivido con los Blackfoot, Cree, y otro tribus que fueron culturas cazadoras prósperas, ambos sacerdotes se mortificaban al ver cómo los indios habían sido reducidos a atrapar tuzas y ratones y a matar a sus propios perros para alimentar a sus familias después de firmar tratados y asentarse en reservas”. Siguió: “Con respecto a los indios indigentes de las praderas en la misma luz que De Mazenod veía a los pobres de Francia como miembros valiosos pero no queridos de la sociedad que se tenían que salvar… sintió que era su obligación cristiana proporcionarles las habilidades que necesitaban para tomar parte en el nuevo mundo del hombre blanco”.
Sin embargo, aunque esto comenzó con buenas intenciones, un número de factores contribuyeron a serios problemas, de los cuales el no más insignificante fue la deficiencia de fondos dedicados por el gobierno. La visión de Lacombe fue “conseguir la gente más talentosa y dedicada para enseñar en las IRS. En contradicción a este pensamiento, el Comisionado Asistente para Indios, Hayter Reed, respondió: “Se espera que las escuelas residenciales empleen a oficiales con sueldos inferiores y compren provisiones a precios más baratos”. Esto en buena medida preparó el escenario para los siguientes 125 años: un déficit crónico de fondos plagó a las escuelas a través de su historia, con escuelas mal construidas, educación deficiente por falta de libros y profesores calificados, y con un staff inadecuado, al igual que pobres estándares de salud. En estas circunstancias, los resultados fueron predecibles. En adición, si muchos misioneros hicieron esfuerzos serios por aprender los idiomas aborígenes, no obstante, el Padre Laboure, OMI, Superior General, durante su visita a Canadá en 1936, amonestó a los directores de escuelas por “abandonar los idiomas aborígenes”. Agregó también, “Los reglamentos que prohíben que los niños hablen en su lengua materna hasta durante el recreo son tan estrictas que en ciertas escuelas la más mínima infracción se castiga severamente”. “Tanto así”, añadió, “que los niños llegaron a creer que hablar su idioma era una falla severa y, al regresar a casa, tenían vergüenza de hablar con sus padres”. Los ex-alumnos con todo derecho agregaron abuso lingüístico y cultural a su lista de quejas. Se ofreció la Apología/Disculpa en el contexto de esta historia de la IRS.
Desde aquel entonces, los Oblatos han continuado su ministerio a las comunidades aborígenes mientras miles de ex-alumnos (hay más de 80,000) han entablado pleitos contra el Gobierno, los Oblatos, comunidades religiosas y diócesis con toda una letanía de quejas desde encerramiento forzoso hasta abuso físico y sexual. Los Oblatos y la gente de la Iglesia luchaban para “encontrar la verdad”, diciendo que si se cometieron injusticias y si se comprueban abusos, estos se deben enderezar. No es una tarea fácil, puesto que se trata de registros con 125 años de historia en muchas comunidades y también del hecho que la mayoría de los Oblatos acusados están muertos e incapaces de defenderse. La validación de reclamos llegó a ser una cuestión importante de justicia, no sólo para los estudiantes que se lastimaron, sino también para salvaguardar la reputación de los Oblatos. Se ha prestado atención particular a casos de abuso sexual, que han dejado cicatrices hondas y afectado profundamente la vida de estudiantes jóvenes bajo nuestro cuidado.
A través de estos últimos años, muchos han identificado la litigación IRS como una pesada cruz que se tiene que cargar. Sería demasiado fácil hacer a un lado las acusaciones y decir que se nos están acusando injustamente. La cruz es un acto redentor para todo el mundo. Y a través de un colonialismo trasnochado, pueblos aborígenes a través del mundo han tenido que llevar el peso de injusticia, con su propia tierra en muchos casos. Es verdad que impusimos nuestro idioma y rituales en latín, nuestras costumbres y tradiciones religiosas, y con demasiada facilidad interpretamos su espiritualidad como superstición y, como se menciona en la Apología/Disculpa, “rompimos sus pipas de la paz”.
Quizás ahora, si estos eventos se pueden entender como una cierta purificación de nuestra misión, podemos continuar nuestro ministerio con un diálogo renovado. De la misma manera, se requerirán compromisos de trabajar juntos con la gente nativa, o Primeras Naciones como ahora prefieren llamarse, y no por ellas. De acuerdo con el convenio, el ministerio, los proyectos y programas tendrán que ser aprobados y evaluados por los Oblatos y por la gente indígena. La Apología/Disculpa declaraba: “Reconociendo que dentro de cada disculpa sincera hay implícita la promesa de conversión a una nueva manera de actuar, nosotros, los Oblatos de María Inmaculada de Canadá, deseamos comprometernos a una relación renovada con la Gente Nativa de Canadá”. Ahora nosotros tenemos la ocasión de hacerlo. Los Oblatos ahora han comprometido cantidades significativas de dinero y personal al ministerio indígena durante los próximos 10 años, ofreciéndonos el reto de una “relación renovada”.
Con las misiones a Canadá comenzadas en 1841 bajo el Obispo DeMazenod, los Oblatos han estado evangelizando a los pueblos indígenas en todo el Norte y en Canadá Occidental. Marcados por actos nobles de heroísmo al igual que por fallas personales, los Oblatos de OMI Lacombe Canadá ahora están escribiendo un capítulo final a estos 160 años de historia y, en el espíritu de San Eugenio DeMazenod se han comprometido a caminar con la gente nativa en la vereda de sanación y reconciliación. (Camille Piche, OMI - Provincia de Lacombe, Canada)