|
“Especies en peligro de extinción” podría ser una descripción trágica pero a la vez apta de tantos “Pueblos Indígenas” en el mundo hoy.
|
Filipinas
Ministerio OMI con Pueblos Indígenas en Filipinas
“Especies en peligro de extinción” podría ser una descripción trágica pero a la vez apta de tantos “Pueblos Indígenas” en el mundo hoy. El estar en peligro y el luchar por supervivencia marcan su situación tan difícil. Tal es el caso, por ejemplo, de muchas comunidades culturales en las Filipinas, especialmente en Mindanao (donde muchos de los Oblatos que pertenecen a la Provincia Filipina actualmente están trabajando). Irónicamente, estos pueblos indígenas son indefensos y seriamente están enfrentando extinción en su propio ambiente y hogar. Entre las muchas cuestiones críticas que actualmente enfrentan son las siguientes: ser desposeídos de sus dominios ancestrales, siendo así consignados a una pobreza abismal, ser victimizados y deshumanizados por grupos dominantes (siendo plagados por nuevas formas de colonización o neocolonialismo), ser enajenados de la fuente de su propia cultura (neocolonialismo cultura) a causa de progreso y desarrollo que no sólo destruyen su medio ambiente, sino también no respetan su forma indígena de vida, y así sucesivamente.
De hecho, los Pueblos Indígenas o IP (por las siglas en inglés) se pueden considerar como los más pobres entre los pobres. Esta es una de las razones porqué los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, inspirados e impulsados por el carisma de San Eugenio DeMazenod, deliberadamente han escogido caminar y hacer ministerio con ellos. El ministerio a la Gente Indígena o Lumad (este es el nombre genérico dado a todos los IP en las Filipinas) ahora es uno de los involucramientos apostólicos clave de los OMI en las Filipinas. En varios tiempos y circunstancias, los Oblatos en las Filipinas han peregrinado con diferentes tribus indígenas en Mindanao - con los Dulangan Manobo en Sultan Kudarat, los Teduray de Maguindanao, los Arumanen Manobo de la provincia Cotabato, los Badjao y Mapun de Sulu y Tawi-tawi, para citar sólo unos pocos ejemplos. Al estirar una mano amigo, muchos Oblatos han experimentado los dolores de estos desposeídos. En un esfuerzo de acompañarlos en su peregrinar, muchos Oblatos han tenido la experiencia de poner por su vida y integridad física en riesgo. Y en la lucha de ser solidarios con los más pobres de los pobres, muchos Oblatos también han probado vicariamente los amargos sabores de marginación.
Los estudios actuales sobre misiones han inventado ciertas terminologías para que los misioneros ministren efectivamente a estos pueblos. Palabras como liminalidad, convivencia (presencia misionera como estar con o vivir con los pobres en vez de hacer algo por ellos), misión-en-reversa (aprender de los pobres en vez de enseñar o hacer algo por ellos), entre otros, ahora están llegando a ser parte del vocabulario misionero. Hay miríadas de otros conceptos que vale la pena explorar. Esto no es para poner el misionero arriba de otros en un ambiente ministerial. Más bien, tiene el propósito de hacer que el misionero descubra una práctica más sana en su ministerio con pueblos privados de derechos para que la presencia misionera de uno y su caminar con ellos en verdad sean liberadores y vivificadores en vez de dominantes y mortíferas (se puede recordar que hay instancias en el pasado cuando los misioneros se habían convertido sin saberlo en instrumentos de diseños coloniales y dominio).
Esta es una llamada y reto hoy en día para un ministerio que rompe fronteras para los pueblos indígenas en los márgenes (en verdad, muchos IP ahora están situados precariamente en los márgenes). Paradójicamente, a pesar de su pobreza, hay tantos dones valiosos que los IP pueden ofrecer - especialmente a aquellos que se atreven a estirarles la mano. Como dijo P. Zabala:
“Hasta podría suceder que, si se escucha bien, sean los más marginados mismos que liberarían al mundo de sus tendencias dominantes. Pero lo que quizás es más importante es que es Dios quien está tomando la iniciativa de llamarle al misionero a venir a los márgenes. Así, un encuentro con los más marginados bien podría facilitar también un encuentro con Dios. Y el viaje con los más abandonados en su luchar por alejarse del precipicio bien podría ser un peregrinar también con Dios. Pues Dios está con la gente. Dios camina y peregrina con la gente en los márgenes. Entonces el misionero está llamado a peregrinar a los márgenes para unirse con Dios y con la gente conforme luchen para alejarse de una caída al vacío.”
(P. Federico Labaglay, OMI)
|